Están los que escuchan, ayudan, facilitan los caminos cuando asoman complicaciones y ofrecen soluciones. Son los que también entienden perfectamente que se vive en comunidad y se acogen a las normas, comportamientos y disposiciones. Del otro lado están los que tapan sus oídos, contribuyen al descalabro y hacen las cosas como unidades autónomas, estado en el que sólo importa el propio interés o lo que ellos piensan. En fin, si en el día a día todos vemos estos comportamientos opuestos en cualquier lugar, es lógico que en el ambiente del deporte también los haya.

Del lado del primer grupo está un caso que se resolvió de buena manera. Hace semanas planteábamos que para el mismo domingo de noviembre (el 21) se habían programado dos de las mayores citas deportivas de la provincia: el Batalla de Tucumán de turf y el Rally Trasmontaña de mountain bike. En efecto, la fecha se mantuvo firme pese al perjuicio que esto podría significar para ambos desafíos, al menos en cartelera, difusión y atención. Pues bien, finalmente la dirigencia del turf decidió pasar la competencia en el hipódromo para el 28. Y aquí no se habla de haber cedido terreno, ni de presiones, ni nada fuera de lugar: hubo sentido común, lo que redundará en beneficio de dos fines de semana a tope para el deporte tucumano.

También actúan correctamente los que organizan eventos con todas las de la ley. Hay quienes sostienen que eso se está perdiendo, que nos está ganando la informalidad y lo irregular. Puede que en algunos casos sea cierto, pero la mayoría está rigiéndose por sus estatutos y reglamentaciones, respetando y promoviendo el orden.

Los que no escuchan, ni toman nota de experiencias pasadas son varios. Por un lado están los que organizan actividades deportivas en medio de una ola de calor en horarios que atentan  contra la salud de quienes compiten y de quienes quieren ir a verlos. Los protagonistas protestan, hablan de inhumanidad. Hay una normativa que sugiere horarios, pero es una generalidad. Lo cierto es que en el norte no se puede seguir así, mucho menos cuando la organización viene desde Buenos Aires.

Tampoco escuchan los deportistas que van a competir a eventos sin fiscalización de entidad competente, sea en la disciplina que sea. En el afán de competir, van a sitios donde se organizan eventos sin seguro, ni obligación de portar revisiones médicas. Y cuando algo pasa, el damnificado se da cuenta, tarde, que la contención que debía tener era pésima, o inexistente.